Adiós al tejedor de la complejidad; fallece Edgar Morin a los 104 años

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Edgar Morin ha muerto y con él se apaga una de las mentes más lúcidas y abarcadoras del último siglo. El sociólogo y filósofo francés nos deja huérfanos de ese pensamiento complejo que tanto reclamaba para entender un mundo cada vez más fragmentado. Según adelanta la agencia Efe, su fallecimiento marca el fin de una era intelectual en la que todavía era posible aspirar a la comprensión global del ser humano sin caer en reduccionismos simplistas.

Frente a la tiranía de la hiperespecialización y el conocimiento estanco, Morin erigió su monumental obra metodológica. Su magno proyecto filosófico no consistió en un mero conjunto de libros, sino en una brújula epistemológica indispensable para navegar por la incertidumbre. El pensador parisino demostró empíricamente que trocear la realidad en partes aisladas constituye la forma más rápida de volvernos ciegos. Durante décadas reivindicó la necesidad urgente de enlazar los saberes de la biología, la sociología y las humanidades para abrazar la contradicción en lugar de esconderla bajo la alfombra.

Sobrevivió a la Resistencia francesa, a los totalitarismos del siglo XX, a las modas estructuralistas y a un buen puñado de crisis globales. Quizás su mayor proeza no fue superar el siglo de vida con una clarividencia envidiable, sino mantener intacta la capacidad de asombro frente a la obstinada torpeza humana.

Ahora que los modelos de lenguaje predictivo nos prometen respuestas enlatadas a dilemas inabarcables, la ausencia de este titán del pensamiento resulta especialmente ensordecedora. El maestro se marcha, pero nos queda su inmenso corpus teórico y la ardua tarea de seguir conectando disciplinas en esta época de verdades encapsuladas.

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