El espejismo algorítmico y el desafío cuántico despiden un congreso inagotable

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Ayer bajó el telón la jornada de clausura del congreso Cogito ergo… IA non sum en el Aula Magna de la Biblioteca de la UCLM de Ciudad Real. Esta última cita reunió de nuevo a unos sesenta participantes para transitar entre la probabilidad estadística, la sociología digital y la metafísica. El interés suscitado en la apertura no fue un espejismo y el nivel discursivo se mantuvo intacto a lo largo de todo el día.

La sesión matutina exigió un necesario baño de realismo estadístico. Rosa E. Lillo intervino para desarticular la mitología que envuelve al aprendizaje automático. La experta demostró que no existe hechicería alguna tras las pantallas, sino operaciones matemáticas complejas centradas en la predicción y clasificación de inmensas bases de datos. Asimismo, advirtió sobre los peligros inminentes de discriminación en los modelos generativos y el feroz impacto hídrico y eléctrico que exige mantener la infraestructura computacional.

Rosa E. Lillo conversa tras la sesin matutina

Acto seguido, el filósofo Javier Echeverría aportó su visión sobre las nuevas estructuras de poder. El pensador alertó sobre el control absoluto que ejercen los grandes gigantes de la red en un entorno digital de corte neofeudal. Además, subrayó una paradoja contemporánea muy reveladora: el ser humano ha pasado de utilizar la técnica a convertirse en el verdadero instrumento de la máquina, alimentando a las grandes corporaciones con su incesante actividad diaria.

Ya en horario vespertino, Víctor Gómez Pin trasladó el foco hacia el núcleo de la existencia. El catedrático restó dramatismo a las promesas sobre una inminente singularidad tecnológica y recordó que el auténtico abismo intelectual lleva un siglo abierto gracias a los grandes enigmas de la física cuántica. Con estricta precisión terminológica, interpeló al auditorio sobre la absoluta incapacidad de un ente sintético para formular juicios morales o apreciar la belleza artística desde la sensibilidad kantiana.

Vctor Gmez Pin durante la clausura del congreso

Todas estas vertientes confluyeron finalmente en una gran mesa redonda donde se debatió intensamente sobre los límites del actual modelo de desarrollo tecnológico. Las ponencias de este segundo día resultaron tan sumamente sugerentes que el coloquio final superó cualquier cálculo organizativo. El público se volcó por completo en el debate, agotó el tiempo destinado a las preguntas y se quedó con evidentes ganas de más.

El evento se despide de la ciudad confirmando una certeza irrebatible: la auténtica curiosidad filosófica humana sigue resistiéndose a ser calculada por ningún algoritmo.

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