Cualquiera que asocie la disciplina filosófica a un ejercicio aséptico y alejado de las fracturas humanas habría sufrido un cortocircuito esta semana en Ciudad Real. Durante los días 25 y 26 de septiembre, la capital manchega acogió las XXIV Jornadas de Filosofía de Castilla-La Mancha. El evento logró reunir a más de setenta asistentes en torno a un eje temático que siempre resulta magnético: el delicado hilo que separa la genialidad de la salud mental. Un público intergeneracional formado por estudiantes, investigadores y jubilados demostró empíricamente que el gusto por el pensamiento crítico no caduca con la edad.
El programa diseñado por la Sociedad de Filosofía de Castilla-La Mancha huyó de la complacencia académica desde el primer minuto. La sesión inaugural corrió a cargo del actor Javier Martín. Con una intervención titulada «Bipolar, a mucha honra», el presentador bajó el debate al terreno de la propia carne y dinamitó estigmas relatando su experiencia personal. Por la tarde, el psicólogo Ramón Nogueras se encargó de rematar la faena. Su esperada ponencia desmontó por completo ese pernicioso y viejo mito romántico que vincula irremediablemente la creatividad con la locura. Lo hizo conjugando un rigor científico innegable con dosis de humor muy necesarias para desengrasar la carga conceptual.

El peso de la ontología más densa recayó sobre figuras de referencia indiscutible. Josep María Esquirol, catedrático de la Universitat de Barcelona, sumió al auditorio en el silencio con una antropología de la sinrazón dotada de un profundo calado humanista. Por su parte, el ensayista Rafael Argullol se sometió a una entrevista pública para desgranar cómo el concepto de la locura ha permeado y vertebrado toda su producción literaria.
Pero un simposio de estas características exige savia nueva para no fosilizarse. El encuentro supo dar espacio a jóvenes investigadores en unas intensas sesiones de comunicaciones. Los muros de la Facultad de Letras de la UCLM acogieron lúcidos debates sobre alienación existencial, altas capacidades y la naturaleza de lo demoníaco en pensadores como Kierkegaard. La reflexión también desbordó los márgenes universitarios para invadir el Museo López Villaseñor, donde se exploró la transgresión erótica en el arte marginal. Como colofón lúdico a tanta densidad discursiva, la Sala Nice puso la banda sonora al cierre con un concierto de Paco Barco Gran Chic. Todo un acierto que confirma una realidad innegable: la filosofía goza de una salud estupenda y sabe combinar perfectamente la erudición con el placer de la buena música.


