Natalia Manivesa | Sociedad de Filosofía de Castilla-La Mancha
El pasado año tuvimos el placer de contar con Rafael Argullol en las Jornadas de Filosofía de Ciudad Real. En aquella ocasión nos habló de la locura y de su paradójica necesidad para conservar la cordura. Ahora, el filósofo y escritor barcelonés nos propone otra forma de explorar la condición humana, esta vez a través de la pintura, con la publicación de Pinacoteca soñada, editada por Acantilado.
El libro reúne los artículos que Argullol escribió semanalmente durante tres años para el diario Ara, dedicados a obras pictóricas que, por distintas razones, han dejado huella en su vida. El resultado es una singular pinacoteca de 168 artistas que abarca cerca de dos mil años de historia, desde los retratos de El Fayum hasta Nigredo, de Anselm Kiefer. Por sus páginas desfilan Giotto, Leonardo da Vinci, Caravaggio, Velázquez, Goya, Van Gogh, Picasso o Francis Bacon, entre otros muchos.
La selección responde a las afinidades personales del autor, pero también a una determinada manera de entender el arte. Argullol se acerca a las pinturas buscando ese encuentro en el que una imagen, contemplada con detenimiento, acaba revelándonos algo sobre nosotros mismos. «La pintura es un espejo de la condición humana, un testimonio mudo de nuestra vida y de la vida del mundo», afirma en una reciente entrevista concedida a EFE.
Hay algo particularmente atractivo en esa idea de la pintura como un espejo que nunca nos devuelve exactamente la misma imagen. Según Argullol, una obra puede decirnos cosas diferentes a lo largo de nuestra vida, porque también nosotros hemos cambiado al volver a contemplarla. Quizá por eso determinadas pinturas nos siguen desconcertando después de haberlas visto innumerables veces.
Entre sus preferencias confiesa su admiración por Piero della Francesca, su deseo de conversar con Leonardo da Vinci y su fascinación por La tempestad, de Giorgione, un cuadro cuyo misterio, a su juicio, nunca podrá agotarse por muchas interpretaciones que se propongan. Y, si tuviera que elegir una obra insuperable, se quedaría con La escuela de Atenas, de Rafael. No deja de resultar significativo que un filósofo encuentre en esa representación del pensamiento clásico una de las mayores realizaciones de la pintura.
Pinacoteca soñada promete ser una lectura especialmente grata para quienes disfrutan del arte, pero también para quienes nos dedicamos a enseñar filosofía. Sus páginas pueden convertirse en un magnífico recurso para abordar la estética en Filosofía de 1.º de Bachillerato, pues permiten introducir algunas de sus grandes cuestiones a partir de obras concretas: qué entendemos por belleza, qué nos conmueve de una imagen, qué relación existe entre el arte y la verdad o por qué una pintura puede seguir interpelándonos siglos después de haber sido creada.
Desde la Sociedad de Filosofía de Castilla-La Mancha recibimos con especial interés esta nueva publicación de Rafael Argullol, cuyo pensamiento ya tuvimos ocasión de compartir en Ciudad Real. Su particular museo imaginario nos ofrece, además del placer de la lectura, la oportunidad de recorrer la historia de la pintura siguiendo el rastro de las preguntas filosóficas que sus obras suscitan. Una buena ocasión para descubrir cuadros desconocidos y, quizá, para volver a mirar de otro modo aquellos que creíamos conocer.
Referencia: Rafael Argullol, Pinacoteca soñada. Barcelona, Acantilado, 2026.


